miércoles, 10 de julio de 2013

Saturno: 2010 - 2013


El planeta Saturno es quizás el más bello espectáculo celeste que podemos observar incluso con telescopios modestos.

Su disco no nos muestra muchos detalles, al contrario del otro gran gigante gaseoso de nuestro Sistema Solar: Júpiter. Por el contrario, y para compensar, nos muestra una imagen única, su fabuloso sistema de anillos.

Los anillos de Saturno no son sólidos, como podríamos pensar observándolos. En realidad están compuestos por millones de pequeñas partículas que rotan alrededor de su plano ecuatorial.

Visualmente, y con equipos amateurs, podemos observar tres anillos. El anillo A es el más exterior, el anillo B esta en el centro del sistema de anillos y es el más brillante, entre ambos podemos ver una fina línea oscura, la división de Cassini, fácilmente visible con pequeñas aberturas si los anillos están suficientemente inclinados, el anillo C es mucho más oscuro y resulta difícil de observar.

El eje de rotación de Saturno no es perpendicular al plano de su órbita y desde nuestro planeta podemos ver los anillos más o menos inclinados con respecto a nuestra visual. Cuando están de perfil apenas son visibles, en cambio cuando están más inclinados resultan espectaculares.

En la animación podemos observar el cambio en la orientación de los anillos de Saturno entre los años 2010 y 2013. Seguirán inclinándose cada vez más hasta llegar al máximo en el año 2017. Luego volverán a observarse cada vez más de perfil. En este gráfico podemos ver el proceso completo.


Tengo muchas ganas de que llegué el 2017 y ver de nuevo los anillos de Saturno en su máxima inclinación. Desgraciadamente desde el Hemisferio Norte cada año, hasta el 2017, lo tendremos a menor altura sobre el horizonte, es algo que representa un grave inconveniente para poder observarlo y fotografiarlo con detalle, ya se nota en la fotografía realizada en junio de 2013, tiene una definición más pobre que las anteriores. A pesar de todo Saturno, con los anillos en su máxima inclinación, es todo un espectáculo, una maravilla que deja prendados a todos aquellos que lo han podido contemplar, incluso con telescopios modestos resulta extraordinariamente hermoso. Lo observe por primera vez en 1976, con el modesto telescopio terrestre que me regalaron mis padres en la Navidad de 1975, un refractor acromático de 60 mm de abertura y un ocular zoom 20-60X. No era, desde luego, el mejor telescopio astronómico, pero fue un gran regalo de mis padres, me inició en la astronomía y con el pude observar maravillas. Un telescopio modesto, pero con una gran calidad óptica, un "SNS Made in Japan", un telescopio que me permitió profundizar en la astronomía y que me permitió admirar, por primera vez entre otras cosas, la magnificencia del los anillos de Saturno.

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